Qué es el ‘vapor lock’ y cómo puede afectar a tu seguridad en carretera

Los componentes de freno son probablemente los elementos de seguridad más importantes en un vehículo, por eso es vital saber cómo y cuándo deben de ser mantenidos.

Sin embargo, existen algunos componentes de seguridad críticos que no siempre se tienen en cuenta. Ese puede ser el caso del líquido de frenos, uno de los elementos del sistema de frenado más fáciles de sustituir, pero también uno de los que con frecuencia más se pasa por alto.

Uno de los aspectos más importantes para el líquido de frenos es su calidad, crucial para su buen funcionamiento, ya que, en función del tipo y el tiempo que lleva usándose, las propiedades del líquido pueden variar y reducirse su efectividad. Y a mayor calidad, más tiempo conservará sus propiedades.

El líquido de frenos y la temperatura

El líquido de frenos es higroscópico, es decir, atrae y absorbe la humedad. Esto tiene un motivo, que es impedir la formación de gotas de agua que provoquen corrosión y congelación a bajas temperaturas. Pero también propicia que pequeñas cantidades de agua pueden reducir considerablemente la temperatura de ebullición ¿Esto que significa?

Para que el líquido de frenos sea efectivo, debe ‘aguantar’ las altas temperaturas que se generan en el sistema de frenos durante la marcha. En función del tipo de líquido ese punto de ebullición será menor o mayor

Los diferentes tipos existentes en el mercado se rigen por su DOT (acrónimo  del Department Of Transportation de EE. UU.), que se encarga de regular sus propiedades:

  • DOT 3: de base mineral a partir de éteres de glicol, es el más utilizado en frenos convencionales al ser el más común y barato. Tiene un punto de ebullición seco de 205 ºC y húmedo de 140 ºC y absorbe el agua con facilidad, por lo que es propenso a la corrosión del sistema.
     
  • DOT 4: este tipo es recomendable en frenos convencionales y sistemas con ABS. También es de base mineral y se elabora a partir de éteres de glicol, pero incluye borato de ésteres. Por ello, ofrece más durabilidad y prestaciones que el DOT 3. Su punto de ebullición en seco es de 230 ºC y el húmedo es de 155 ºC.
     
  • DOT 5: no puede mezclarse con los dos anteriores, ya que es de base sintética. Su punto de ebullición es de 260 ºC y se recomienda en vehículos que pasan tiempo sin moverse. Al contar con una baja solubilidad del aire en sus bases, da una sensación de pedal de freno esponjoso.
     
  • DOT 5.1: este en realidad es un líquido de tipo DOT 4 que cumple con los estándares de nivel DOT 5 en cuanto a punto de ebullición y viscosidad. Puede mezclarse con fluidos DOT 4 y DOT 3 y también es denominado DOT 4 plus o Super DOT 4, ya que absorbe mejor la humedad. El punto de ebullición en seco es de 270 ºC y en húmedo de 180 ºC. Esto último hace que haya más riesgo de fuga en el circuito de frenos.
     

El ‘vapor lock’ y tu seguridad

El ‘vapor lock’ o bloqueo por vapor está relacionado con la ebullición del líquido de frenos. Como decíamos, cuando se frena, se genera mucho calor y, para resistir estas altas temperaturas sin llegar a la ebullición, el líquido de frenos está diseñado con un punto de ebullición alto.

Sin embargo, el líquido de frenos, al ser higroscópico, absorbe humedad, que hace que baje su punto de ebullición. Así, cuando esa absorción de agua alcanza un determinado nivel —después de haber frenado bruscamente de forma prolongada (en especial con cargas pesadas o un clima cálido)— el líquido de frenos puede empezar a hervir y a generar burbujas de gas.

Y el gas es mucho más comprimible que el líquido, y por eso el conductor no experimentará presión en el pedal de freno y tendra una pérdida total o parcial de potencia de frenado conocida como ‘vapor lock’ o bloqueo por vapor. Algo que puede ser muy peligroso circulando en carretera.

Cuando cambiar el líquido de frenos

Para evitar este problema es importante contar con un líquido de frenos siempre en perfecto estado de ahí la importancia de renovarlo periódicamente. En este sentido, a la hora de sustituirlo, lo mejor es seguir las indicaciones del fabricante de nuestro vehículo.

No obstante, por regla general, el líquido de frenos debe sustituirse cada 40.000 kilómetros o cada dos años (lo que antes ocurra).

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